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CULTURA

Armada celebra aniversario con concierto en Teatro Solís

La actividad cultural se realiza en el Teatro Solís

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El día lunes 13 de noviembre a partir de las 19:30 hrs, en la Sala Principal del Teatro Solís, la Armada Nacional brindará un concierto con la Banda Sinfónica de Montevideo y la Banda de Parada de la Armada en conmemoración del Bicentenario de fundación de la Armada Nacional.
El evento contará con la presencia de la Señora Presidenta en Ejercicio de la República, Lucia TOPOLANSKY y el Señor Ministro de Defensa Nacional, Dr. Jorge MENENDEZ.

CULTURA

Más educación inclusiva para adolescentes y jóvenes

Está en marcha una puesta a punto del edificio de la Casa en Red (Jacinto Laguna esq.Varela) con el propósito de fortalecer este espacio, en la búsqueda de mejorar y ampliar las propuestas de inclusión educativa.

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Soldados del Batallón de Infantería Mecanizada nº 4 de Colonia del Sacramento efectuaron reparaciones en el espacio físico de la Casa en Red, en el marco de la iniciativa interinstitucional denominada “Todos por la educación”.
Valeria Viré, coordinadora departamental de integración educativa de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), indicó a EL ECO que “el Consejo Directivo Central (Codicen) pone una partida en bienes materiales para poder, junto con otras instituciones, caso el Mides, MEC, Municipio y Ejército, hacer una estrategia de intervención” para mejorar “las condiciones educativas, de inclusión y comunitarias”.
Se eligió la Casa en Red de Nueva Palmira porque “en este Centro hay una cantidad de actividades de educación no formal y formal; es el más adecuado como lugar de encuentro de adolescentes y jóvenes”. Por eso, la iniciativa consiste en “desarrollar estrategias de intervención para favorecer la permanencia de los jóvenes, la re-vinculación y la presencia en actividades no formales también”.
Con mano de obra del personal del Batallón de Colonia, se encararon “distintos trabajos: pintura, revoques, techos, limpieza en general, colocación de toldos de cerramiento y cartelería. Y se terminó la construcción de la cancha de deportes multifunción, para dejar todo el espacio impecable”, señaló.
“No bien se termine esa parte de mejoras edilicias, nos vamos a organizar para promocionar en base a afiches, prensa y volantes, todas las actividades que aquí se realizan en forma gratuita, entre otras, ajedrez, ping pong, cine club, talleres de tango y de candombe, radio comunitaria, curso de FPB comunitario (convenio Mides-UTU), Atención Ciudadana del MIDES y Centro MEC”.
El programa se propone “atender a toda la población de Nueva Palmira, escolares y de secundaria, y padres y abuelos que concurren a este espacio que es de todos”. Y a su vez, “captar los chiquilines que están por fuera del sistema educativo”, dijo Viré.
La franja etárea a la que que se pretende llegar es principalmente a la comprendida “entre los 11 y 17 años, chiquilines que están fuera del sistema educativo o están con alerta de repetición. Tratamos de generar siempre nuevas herramientas para acompañar las trayectorias educativas de los jóvenes”. Lo que se busca es que “los chiquilines, aparte de ir al liceo o a UTU, hagan algo más, y acá hay un lugar para eso, más allá de lo curricular”. En sí, con esta iniciativa “se intenta promocionar en esta ciudad la educación no formal, como hay en otros lugares, mediante centros juveniles o aulas comunitarias”.
Como las distintas actividades que se vienen llevando adelante en la Casa en Red “están terminando su año lectivo, incluida la escuela de rugby que funciona los jueves en la plaza de deportes, la idea es hacer una fuerte promoción en febrero o marzo del año próximo, de todas las actividades que se organizan”.

Aportes de las instituciones
– MEC: Talleristas, becas, diseño e impresión de cartelería y folletos.
– MIDES: Pintura y recursos humanos.
– Batallón: Mano de obra para reparaciones edilicias.
– Municipio Local: Materiales de construcción.

Aportes comprometidos por ANEP
-Materiales recreativos y deportivos para la implementación de los talleres.
– Materiales para el uso de la cancha multiuso y otros espacios.
– Traslado y alimentación de alumnos a campeonatos departamentales.
Cartelería e impresiones de promoción y lanzamiento.

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CULTURA

Esculturas que ponen su sello a la ciudad

Su último trabajo fue el libro en hierro para el Rincón Zorrilla en la Escuela nº 7, se trata del escultor palmirense Ruben Mazzola que crea impulsado por el “sentimiento” y no el pensamiento.

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En áreas públicas, comenzó tallando troncos de árboles caídos en la zona costera, y luego pasó al hierro: tres catalejos en una circunferencia (foto) que están custodiando la Playa Corbacho en el Río Uruguay, después junto a Myriam Costa surgió el Quijote (foto), que está en el ingreso de Nueva Palmira por la Ruta 12. El año pasado creó una escultura donde tímidamente aparece un corazón, que fue ubicada en la vereda de la emergencia del Hospital (Nueva Palmira). Y hace unas semanas   entregó al nuevo rincón de la Escuela nº 7 ‘Juan Zorrilla de San Martín’ un libro en hierro con una frase en una página y en la otra, combinando el calado y zonas lisas en el metal plano, del que surge el rostro de Juan Zorrilla de San Martín (foto).
Mientras tanto y desde hace más de 3 años “junto a Nico Bevegni e Italia Durand estamos sacando adelante el mapa de Uruguay”.
Mazzola (49 años) es un libre pensador, de vida austera, que hace 17 años está dedicado al arte. Vivió en Argentina y “llegué a tirar manteca al techo y después raspar la manteca del piso. Los extremos me llevaron a buscar el camino del medio”, dijo a EL ECO con el apasionamiento que suele ponerle a sus palabras.
Realiza la mayoría de sus obras sin ganar un peso. “Por el Quijote di un presupuesto de 40 mil pesos, la mayoría de la plata para los materiales. Estuve 3 meses desayunando, almorzando y durmiendo con el Quijote, sin parar”.
Más allá del trabajo que le llevó el Quijote, tuvo una recompensa sin precio: “me llevó a conectarme con mi interior, conocerme, expresarme, conocer gente, relacionarme con los demás. Lo que siento con las obras que hago lo quisiera compartir, pero lamentablemente todo el mundo anda en su viaje”.

-Cultural y estéticamente, lo que haces realza la ciudad.
-El primero que disfruta haciendo una obra soy yo. Cada una me da mucha paz. Pienso que para el escultor, el ceramista, el pintor, el que canta, el que escribe, sea el arte que sea, la riqueza radica en conectarse interiormente, conocerse uno a través de lo que hace. Hablo de sentir las obras, no de pensarlas. Por eso las obras que hago pueden tener todas las interpretaciones que surjan de quienes las observan. Yo también voy descubriendo su significado mirándolas, y cambio de idea o me dicen algo nuevo cada vez que me detengo a observarlas.
Para el Quijote y el libro del Rincón Zorrilla trabajó con la artista plástica Myriam Costa, que es quien se encarga de hacer los bocetos que él después lleva al hierro.

El pesado Uruguay
“Hará más de tres años que comenzamos con Nico e Italia, y la colaboración de muchísima gente. Seguimos adelante en la medida que vamos recibiendo aportes en materiales o dinero, desde la anciana que nos da 50 pesos hasta vales para los materiales. Ahora estamos necesitando un tubo grande de oxígeno porque tenemos chapas que cortar. También necesitamos colocar el mapa en posición horizontal para poder soldar. Se trata de un aro de tres metros de diámetro donde va el mapa de Uruguay. En total la obra terminada va a pesar más de 2 mil kilos, por eso se necesitan camiones y guinches para mover actualmente las piezas”, que están en la vereda de su casa (Brasil casi Murguía), para mayor comodidad en el trabajo.
Todavía no han definido dónde se instalará. “Hemos acordado con Italia y Nico que irá donde deba estar. Se probó elegir diferentes lugares, pero han puesto muchas trabas burocráticas, complejas. Entonces decidimos que el día que esté terminada, se verá, ya no pensamos en el lugar”.
En sus palabras siempre tiene presente a las personas que se acercan a colaborar. “Yo hago una parte, los demás otras, como parte de un todo que somos”.

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CULTURA

La apuesta

Tiempos de isleños. Relato sobre una mujer que vale tanto como una partida de truco.

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Representaba más que los 25 años que tenía. Le habían puesto un nombre geográfico: España. Era petisa, gordita y con una cara de luna llena, que salpicada de tierra no dejaba ver la blancura de su piel; resaltaban sus verdes ojos. El cabello rubio, ondulado, le llegaba a los hombros, enmarañado como nido de loro, abultándole la cabeza.
Conoció a Rolando, su último compañero y padre de sus seis hijos, una noche en la isla, en la casa en que ella vivía con un hombre entrado en canas, en arrugas y en edad.
Cuando el horizonte chupó el rabioso sol del verano y comenzó un ensordecedor zumbido de mosquitos, Rolando cruzó el río en su canoa a remo para visitar a su amigo isleño, compañero de tragos y contrabando. En el trayecto se pegaba golpes con una rama de ceibo para evitar las picaduras de mosquitos. La fuerza que necesitaba para empujar los remos en el agua, y el calor que persistía, le inundaban de hilos de transpiración, aumentando la comezón en las manos y la cara, allí donde más se habían ensañado los malditos insectos.
Se encontró con la sorpresa de que el viejo tenía mujer. Para festejar la llegada de su amigo, el isleño le pidió a España que sacara de debajo de la mesada de la cocina una damajuana de vino y fritara unas postas de pescado. Ambos hombres tomaban el tinto desde el pico del pesado envase, que comenzó con diez litros y en pocas horas quedó vacío, yendo la mayor parte al estómago de ambos. Cuando el violáceo líquido superaba la capacidad de sus tragos, se les escapaba de la boca y regaba el pecho de sus camisas, y se lamían la pera a las risas. En la euforia del alcohol, el viejo invitó a Rolando a jugar un truco: él apostaba a España, y Rolando debía apostar la canoa.
España escuchó que su hombre la usaba de apuesta y se le cayó el tenedor en el sartén donde estaba fritando el pescado, lo que impregnaba el rancho de un olor a grasa rancia que se mezclaba con el del humo que salía de las leñas en llama; giró la cabeza para ver si habían notado su torpeza y se dio cuenta que ella no importaba en ese momento, pese a que era su destino el que estaba en juego. Terminó de cocinar las postas, se limpió las manos en el vaquero, sacó los aboyados platos de aluminio para la cena, pero no logró ponerlos en la mesa porque los hombres estaban solo interesados en el truco. Silenciosamente se retorcía las manos, resbalosas de grasa por la fritura y por la transpiración que su cuerpo emanaba desde el instante que escuchó que su futuro dependía de un mazo de sucias cartas. Se sentía aturdida, su mente no llegab a a comprender cómo podía valer lo mismo que una canoa: un montón de tablas gastadas, aunque éstas, como ella, con olor a pescado y a agua dulce del río.
Rolando repartió las cartas. El viejo, con el pucho pegado a la lengua, al que pasaba de lado a lado en la boca como si de esa forma le sacara más humo al tabaco, se puso nervioso al ver sus cartas. Achicó los ojos como queriendo ver mejor en esa noche alumbrada por el candil, que alargaba las sombras y las mezclaba con las manchas de hollín del humo que trepaba de la cocina a leña, que él había comprado hacía unos siete años en un remate. Se levantó tambaleante como si tuviera huesos flácidos, fue hasta la puerta de su rancho, miró la canoa que el río zarandeaba de un lado a otro, se dio vuelta, miró a España que estaba con los ojos clavados en él sosteniendo la fuente de pescado en sus manos, y se acomodó nuevamente en la silla de paja. No bien se sentó, Rolando a las risotadas le gritó: ¡“Envido, viejo pícaro”! El isleño se quedó serio, pensó un instante, y de golpe se lanzó también a reír, tosió atorado por el catarro de décadas de tabaco, y respondió con otro grito: ¡Falta envido!
31 dijo el visitante, y el viejo, caliente como la grasa que ardía en el sartén, sin dejar de compadrear, pero bajando el tono, respondió: “Son buenas” y tiró las cartas sobre la mesa, admitiendo su derrota. Ambos hombres se levantaron y se abrazaron, mezclando sus olores agrios de vino, transpiración y humo. Usaron sus brazos como estacas para no caerse por el alcohol que les había entreverado la mente y aflojado el cuerpo.
A España se le cayó la fuente de las manos cuando el isleño de espalda encorvada, con profundos surcos en las ásperas manos de dedos gruesos, sin abrir pelea, se deshizo de ella como si se tratara de pescado podrido. Se estremeció al pensar que debía dejar la isla a la que estaba acostumbrada e irse con un joven desconocido, llamado Rolando un tipo huesudo, alto, de boca grande, labios anchos, de piel tostada y curtida por las escarchas y el sol. El viejo se dirigió hasta donde estaba España, le pellizcó la nalga derecha y la empujó hacia Rolando.
—¡Ché, compañero! ¿Me podrías dejar la canoa? ¿No?
Rolando lanzó un escupitajo y lo aplastó en el piso de tierra haciéndolo desaparecer.
Nancy Banchero

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